Santa Amalia on the rocks

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Como no tenía inmunoglobulinas, Amalia se agarraba todas las pestes. Palito Ortega le ayudó a preparar un trago muy nocturno y muy secreto que la preservaba de la muerte. Así que Amalia nacía en la mañana y sobrevivía hasta el atardecer. A la hora del vermouth, todo empezaba de nuevo. Así las cosas, la santa se comprometió a revelar la fórmula del cocktail animal al cumplir los mil seiscientos años o al momento de enamorarse, lo que ocurra primero.

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Helenita

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Tenía los ojos diminutos, y unas orejas muy grandes y muy oscuras. En otra época hubiera sido un fenómeno, pero los circos ahora le exigen la secundaria. Sabía idiomas y no envejecía. Idiomas extraños. En el geriátrico alguien le dio a comer algo muy nocivo, en una época en que ya era casi imposible calcularle la edad. Hasta el último día fumaba en la noche, cuando nadie podía ver su deformidad y era nada más que una lucecita roja en la oscuridad de ese patio de Villa Crespo. Después de muerta empezaron a pasar cosas. Ahora tiene un altar pequeño que le hicieron las enfermeras en el salón de té, y junto a la foto de Helena está repleto de notas escritas a mano, con una letra temblorosa y senil.

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Miss Urubamba

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Hija de dos tejedoras paraguayas que emigraron al Perú por temas impositivos. Entre las dos hacían 15 años. La niña nació sonriente como un sol y casi 50 kilos de belleza bien distribuida. Bautizada al nacer con el nombre de Miss Urubamba, casi todos le decían Stephanie. A los pocos meses de nacer fue elegida la más bonita de su calle y antes de entrar al jardín de infantes ya era Miss Ollantaytambo. Rápida para las decisiones importantes, la santa tuvo que aprender el idioma antes de tiempo para competir por el concurso provincial, y a los 6 años fué Reina de la belleza de Urubamba y secretaria bilingüe. Compitió al año siguiente para Miss Cusco pero no salió ni entre las princesas; la verdad que ese año se presentaron unas chicas que rajaban la tierra. Menos mal que estudió.

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Santa Muñeca

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Organizaba las tertulias en el patio de su casa, aunque fuera una casa tomada por la fuerza. Ponía música y ensayaba sus pasos de tango frente a todos, aunque no fuera una buena bailarina. Se ponía siempre ese enorme vestido de seda verde que tanta gracia causaba a los más crueles, y de vez en cuando se animaba con sus “coplas al amor insatisfecho”. Desapareció sin decir nada en los años ochenta, pero cada dos o tres meses, un hombre de impecable sombrero toca el timbre y pregunta, educado ¿Buenas tardes, está Muñeca?

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Pibe Maravilla

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Podría haber sido músico como cualquiera, pero eligió la abogacía, el duro camino universitario, los primeros pasos como empleado en un estudio jurídico explotador, sus primeros casos cobrados con esfuerzo. Ahora el santo litiga en los tribunales nacionales, y aunque se le notan las canas, en los juzgados todavía lo miran con admiración cuando dicen “Mirá: ahí viene el pibe Maravilla”

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Santa Carina

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Fue hechizada a los nueve años y permaneció así hasta después de los 23. Al despertar, el mundo había cambiado y la santa tuvo miedo. Esa etapa la paralizó diez años más. En esa edad tan particular para los cambios se sacó la ropa que llevaba puesta, miró por la ventana de un día esplendoroso y saltó. El vuelo de la santa puede verse en YouTube gracias a las cámaras y celulares de algunos curiosos oportunistas.

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San Yi-Jie

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El santo tiene una colección de fotos que lleva en una caja. Son retratos del santo en diferentes momentos de su vida. El santo organiza muestras en distintos lugares del mundo, con un éxito fuera de lo común. Son poco más de 160 fotos y en algunas el santo tiene la forma de un cocodrilo, de una abeja, y de un tronco de bambú. No acepta preguntas pero permanece todo el tiempo que dura la muestra en un costado, atento y sonriente. En algunas ocasiones cuando no puede ir o tiene un compromiso, manda a su perro.

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